Durante miles de años, la ideología patriarcal nacida hace 3300 años antes de Cristo en Mesopotamia, ha servido de referencia a las relaciones de los hombres y de las mujeres sobre la base de un esquema de dominante / dominado.

Pero a principios del siglo XX, se produjo un cambio cuando Sigmund Freud nos reveló que nuestro destino estaba determinado por nuestra infancia. Con esta información en mano, muchos individuos de la sociedad occidental se liberan del peso de las tradiciones patriarcales y religiosas y cambian su visión de la vida de pareja.

Pero este nuevo modelo de pareja basado sobre el nivel emocional pone al descubierto las disfunciones psicológicas debido a la falta de educación  emociónale de los hombres pero las mujeres se transforman en víctimas en este proceso.

Cuando un hombre asido educado en un entorno machista, con un padre que no ha permitido desarrollar su mundo emocional, en  la edad adulta este hombre reproduce  el comportamiento machista para compensa su posición de debilidad psicológica. Así en frente del fracaso de una relación de pareja, el machista que no sabe gestionar sus emociones se ampara del dominio del hombre sobre la mujer para defender su posición con fuerza si es necesario.  

Desde nuestro punto de vista este hombre es víctima del síndrome de Caín. Efectivamente como el personaje bíblico este hombre actúa por  mimetismo, es decir que el maltratador puede parece seductor e amable pero el no ama, sólo busca imitar a lo demás en el hecho de “tener pareja” y frente al fracaso  hace responsable a el otro y llega a matar por el miedo de hacer frente a su fracaso.      

En general la violencia contra la mujer tiene como lógica un hombre que no tiene conciencia de su mundo emocional. Este no sabe expresar emociones, tales como la rabia o la frustración, y cundo su dominancia esta en peligro este hombre utiliza la violencia.    

Jean Claude Frappant

Psicoterapeuta en Análisis Transaccional.