El biólogo francés Henri Laborit decía que una sociedad tiene la misma lógica de vida que un organismo vivo. Así, por analogía, el hombre en la sociedad tiene la misma función, a otra escala, que una célula en un órgano.

Sin embargo, mientras que una célula se limita a cumplir un papel para permitir al conjunto del organismo mantener su dinámica de vida, en la sociedad, los hombres no se comportan como una célula. Los hombres tienen un entorno familiar y un pasado social que determina su personalidad.

La sociedad occidental ha sido principalmente determinada por la ideología patriarcal, que ha servido como referencia en las relaciones de los hombres y de las mujeres basándose en un esquema de dominante / dominado. Así, desde este punto de vista, un niño, al nacer, se ve obligado a adoptar las normas de la sociedad, patriarcal o no, para asegurar su supervivencia. Hoy en día, la complejidad de la sociedad obliga a que exista un grupo de personas cuya función consista en asumir el nivel funcional de la sociedad. Pero el hecho de asumir esta función no convierte a dichas persona en seres de otra naturaleza, seres divinos. Por lo tanto, en general, estos líderes van a ser el reflejo de su entorno social.

Actualmente, los líderes se clasifican en dos grupos: derecha e izquierda.

Un líder de izquierdas, muchas veces, es una persona que actúa por altruismo o con el objetivo de una promoción social. Éste cree que el hombre es, principalmente, un producto de su entorno social. Por lo tanto, su mayor aspiración es la de cambiar este entorno social para mejorar el destino individual de los hombres. De esta forma, además de producir riqueza, el líder de izquierdas busca la manera de mejorar su repartición. La posición existencial de esta ideología es: los obreros son + (más) y los capitalistas son – (menos). El sentimiento – (menos) de un obrero surge como consecuencia de una dominación sin limites histórica del poderoso sobre las gentes del pueblo. Pero el mundo a cambiado y esta posición es ahora incorrecta, puesto que el individuo ya no se define a si mismo según su papel en la sociedad.El líder de derecha cree que el que éxito se corresponde con la calidad personal, a la herencia genética. Así, para cambiar el entorno, según ellos, el poder tiene que estar en manos de los más fuertes, un avatar del darwinismo social. Según Henri Laborit, esta filosofía política tiene como meta el poder para auto-afirmar el narcisismo de un individuo, y cuando se crea riqueza en general, se reparte principalmente entre las personas de un determinado grupo social. En general, el líder de derechas tiene una imagen doble: a nivel publico, se muestra conservador y exhibe su respeto a las normas, pero a nivel individual, actúa en función de sus deseos sin ningún escrúpulo. Así, en un caso extremo, para llegar al poder, esta ideología utiliza todos los recursos a su disposición, incluyendo la manipulación y el engaño, y promete a los pobres que, de seguirla, van a poder acceder al paraíso materialista. La posición existencial de esta filosofía de vida es: los ricos son + y los pobres son – .El sentimiento + (más) del poderoso se justifica en al creencia falsa de que el éxito tiene una base biológica. Según esto, los menos poderosos deben aceptar la dominancia del que sí lo es. Sin embargo, si bien este esquema prejuicioso funcionó hasta principios del siglo XX, actualmente, en una sociedad globalizada donde el capital no conoce clase social ni país y donde el pobre puede transformarse en rico, es cada vez más difícil usar este esquema para movilizar las masas.

Así, frente a la dificultad cada vez mayor de mantener el estado de bienestar a nivel mundial, a nivel individual, debemos elegir entre el líder de izquierdas, que propone soluciones asumiendo el riesgo de pedirnos que cambiemos de modelo de vida, o el líder de derechas, que toma conciencia de que el poder materialista lleva, tarde o temprano, a la destrucción del sistema, incluidos sus líderes.

En conclusión, podemos deducir que es mejor colaborar que competir, y aplicar la posición realista del análisis transaccional: Yo soy + y Tu eres +, aunque pensemos de forma diferente.

Jean Claude Frappant
Psicoterapeuta en Análisis Transaccional