En cada época, las normas sociales e individuales cambian. Hoy en día, podemos constatar que la sociedad occidental promociona la igualdad entre hombres y mujeres. En este contexto, la violencia en contra de las mujeres está rechazada a nivel social. Pero se multiplican los casos de víctimas de violencia de género, lo cual revela la existencia de normas machistas en algunos núcleos familiares. Con el fin de cambiar esta realidad, es importante que la sociedad apueste por una educación que promueva la igualdad desde la escuela para favorecer una labor eficiente de prevención. En cuanto a los adultos contaminados por normas machistas, es importante descubrir cómo controlar y cambiar esta visión a nivel individual.

Los trabajos de Gustav Jung nos enseñan que el niño tiene que identificarse a la imagen del padre para crecer y este proceso de identificación es el medio para convertirse en un ser sociable. Así en la práctica, la identificación con el padre significa la adopción de todas las formas de comportarse del padre, como si el hijo fuera la misma persona que el padre y no un ser individual.  Cabe destacar que la imitación difiere de la identificación en el sentido de que la imitación es consciente, mientras que la identificación es un acto inconsciente. Por lo tanto, la identificación resulta beneficiosa cuando el individuo tiene el control sobre la imagen identificada. Pero si esta imagen interna substituye a los deseos emocionales intimas del individuo en las etapas posteriores de la vida, esta identificación se convertirá en un obstáculo para su desarrollo individual. 

Basado inicialmente en una relación emocional, este trauma elige de nuevo este terreno para poder expresarse y así proyectarse sobre la relación de pareja como es generalmente el caso. Entonces se instala en el presente del individuo una compulsión a la repetición de la relación inicial con el fin de encontrar una estabilidad emocional. Tal fenómeno se debe a que, en este caso, el individuo pierde la unidad de su yo emocional. Su solución es delegar esta función a la imagen de su Padre interno, fruto de la identificación. Esta elección le da poder para recuperar la unidad perdida pero no hace más que amplificar la disociación psíquica , base del conflicto. 

En la situación inicial el niño busca amor y seguridad e imagina que al entregar el control de su vida a las normas de su figura paternal le proporcionará protección y amor. Su fe en este deseo le hace abandonar todo control sobre la figura del padre que integra. Una vez adulto, este individuo no tiene conciencia de su acto cuando la imagen de su padre identificado esta al mando. Para entender esta noción de conciencia desde del punto funcional de biología del cerebro, así este comportamiento individual forma parte de su condicionamiento sociocultural, como lo definió el biólogo Henri Laborit. Es decir una información que reproduce el individuo sin en analizar el contenido,  igual que  el mecanismo de condicionamiento demostrado por Ivan Pavlov, es decir que se trata de una información fuera de la conciencia del individuo.  Y para explicar el paso a la agresión es importante de utilizar el concepto de inhibición a la acción  que Henri Laborit explica de la manera siguiente. Así frente una situación desagradable, el ser humano tiene tres opciones a nivel instintivo: la huida, la lucha o la inhibición a la acción. De este modo, si el individuo no puede ni huir ni dominar la situación desagradable, el estrés consecuencia de la inhibición a la acción le provocará afecciones psicosomáticas que disminuirán las defensas de su sistema inmunológico. Pero si el individuo tiene a otra persona que considera inferior, como su pareja, en su entorno emocional, el proyectará su agresividad hacia esta persona y puede ir hasta matarla  para recuperar su ilusión  de control sobre la situación.  Este explicación no hace irresponsable  el individuo de sus actos, solo poner en evidencia que nuestra ciencia a asimilado los diversos factores que determinan  una personalidad  y  la posibilidad del cambio existe hoy en el día cuando hay voluntad de parte del maltratador. 

 

¿Cómo la sociedad tiene que actuar frente a personas con este tipo de prejudicio? 

Desde nuestro punto de vista, la sociedad tiene que utilizar todos los medios de comunicación: radio, televisión y prensa- para desmitificar el discurso lógico que justifica la asesinato de una mujer. Un asesinato es un asesinato. Matar nunca es un acto privado que ni el alcohol, ni las drogas, ni los celos pueden justificar. Nadie mata por amor sino por impotencia. 

Todos los profesionales saben que lo que transforma un individuo en asesino de su pareja son sus perjuicios machistas sociales y familiares. Así, además de ofrecer protección a las mujeres maltratadas, la sociedad tiene que invertir mas medios para reeducar a los maltratadores con o sin su acuerdo antes que estos se transformen en  asesinos. 

 

Jean Claude Frappant

Psicoterapeuta  de Análisis transaccional de Roles

Presidente de la asociación Prevención Violencia de Género